El problema de la democracia en nuestro país es el dinero anunciaba el titular de un diario nacional, pues la verdad no creo que sea el dinero el problema propiamente, sino la pérdida de confianza de parte de la ciudadanía hacia quienes ostentan el poder, ya sea económico, político, social e incluso cultural.
Zigmund Bauman lo anunciaba hace solo unos días refiriéndose a España y el mundo entero, "la crisis de las democracias es el colapso de la confianza", ya no tenemos hacia dónde volver nuestra mirada, no existe en Chile, y quizás en el mundo ninguna institución que nos merezca respeto, que nos haga creer en ellos, en su probidad, en su palabra, en su consecuencia, en sus valores... Hemos perdido el norte y el individualismo se ha vuelto nuestra única salida, escondernos tras una pantalla y "rascarnos con nuestras propias uñas" pues finalmente así funciona, cada cual se las arregla como puede.
La corrupcion en los políticos pareciera no tener precedentes, primero el hijo de la presidenta, luego el senador de aquí, el diputado de allá, el caso Penta que no deja de estar en boca de todos, y de pronto el ciudadano de a pie, ese que sí creía, que de verdad confiaba, se da cuenta que izquierda o derecha es igual, todos roban, y aunque siempre lo hemos sabido, duele ver los hechos, la colusión del confort, de los supermercados, de las farmacias hace un tiempo y quizás cuantas otras, nos ha hecho sentir como algo más que un simple rebaño adormecido, se burlan en nuestra cara, acusan montaje, reclaman una campaña para desprestigiarlos, porque sí, tienen el descaro de sentirse ofendidos y lo que es peor, ninguno de ellos paga, como me comentara un argentino hace algunas semanas "acá el que va preso es un idiota, porque, si vos querés hacerla, tienes que robarte 100 gallinas, y repartís un poco por aquí, otro por allá, regalas, compartís y te quedás con tus 10 gallinas feliz, aquí el que va preso es porque solo se robó una gallina"... Ustedes dirán no estamos al nivel de Argentina, no, pero pues vamos bien encaminados.
Cuando estaba en la universidad en la sala de redacción de mi carrera había un cuadro enorme con un sacerdote empuñando una piedra y se leía "ya no basta con rezar" hoy la gente ha comprendido que "ya no basta con twittear" y así lo demostraron con la #colusionciudadana y la campaña por #supermercadosvacios, no se trata que vayan a dejar de comprar en los supermercados, no existe un mínimo nivel de organización comunitaria para que ello ocurra, pero sí pretende que ellos, los que nos dirigen, aquellas familias que juegan con los hilos del país, sepan que el rebaño adormecido está despertando, que sepan que si lo vuelven a hacer, la gente común no se va a quedar sentada lamentándose, porque ya están cansados, porque aunque saben que no van a lograr cambiar mucho, necesitan también hacerles sentir su completa decepción, su falta de confianza. Y no es que con estos actos logren cambiar el mundo, pero al menos, se manifiestan, se hacen sentir, y aunque sea por un día se sienten con un mínimo de poder.
Pero solo llegamos hasta ahí, no hay más organización, no existen líderes que puedan encausar a la masa descontenta, ni un MEO ni una Camila Vallejos, nada ni nadie, la política ha dejado de ser el camino, vivimos una crisis de idealismos, una crisis de sentidos, nos hemos quedado sin banderas de luchas, los jóvenes que otrora lucharon allá en en Europa por el mayo francés y acá en Chile por cruzar las grandes alamedas, se han quedado sin líderes, sin idas, sin utopías por las que luchar, porque cada batalla o guerra que dan termina siendo transformada en burla por los que ostentan el poder, como la asamblea constituyente que ha puesto a un futbolista como observador.
Entonces ¿qué ocurre? Hemos perdido la batalla, votamos por el menos malo si es que votamos, son cada vez más los jóvenes que buscan su necesidad de identificación del yo en otros lares, en bandas musicales, en apatía, en juegos virtuales, en encerrarse tras una pantalla y armar su vida entorno a las redes sociales, realidad virtual que parece llenar nuestros vacíos solo, y solo si, estamos constantemente con nuestro celular en la mano... ¿Entonces qué ocurre? Que los jóvenes, rebaño adormecido sin rumbo fijo, se vuelve presa fácil de cualquier tipo de extremismo, ávidos de ideales, de sentirse parte de algo, de creer que luchan por algo mejor y que son superiores a esos que dicen llamarse políticos... Entonces, jóvenes de clase media con educación pero con un sinsentido que no se vs, se enredan en atentados, caen como moscas en las manos de quienes pretenden volver global una guerra Santa sin sentido. Nos volvemos así todos enemigos de todos, los políticos y empresarios enemigos de la humanidad, los migrantes enemigos de mi estado nación, país que poco me interesa mientras no intenten invadirnos personas de otros mundos o nos hagan dialogar por mar o cambios fronterizos.
El mayor peligro, escollo, para la democracia chilena, y mundial me atrevo a decir, es que hemos perdido la confianza, y aún no vislumbramos de qué forma podemos retomarla, un país se vuelve vulnerable cuando todas y cada una de sus instituciones se vuelven contrito les a los ojos de la sociedad, quizás, y solo quizás, los únicos que hoy sigan mereciendo el respeto de casi todos, son los bomberos, porque ellos no reciben dinero, porque ellos se entregan al servicio por una vocación real... Entonces, si no tenemos confianza, si creo que todos me pueden mentir, robar, traicionar, boicotear, si realmente siento que nuestras autoridades no son aptas realmente para nada, difícilmente podamos construir una democracia real, necesitaríamos pues reinventar la política y renovar a toda la clase política, y de paso al empresariado, pero mientras eso sucede, creo que, lo único que nos queda es hacernos sentir, comprender que de verdad ya no basta con twittear, llevar nuestra depreciación a acciones concretas, organizarnos,,revelarnos, buscar nuestro propio norte e izar una bandera que no sea de lucha, sino de unidad, una que nos devuelva el sentido, la identidad, los idealismos, y por sobre todo la confianza en el que hacer ciudadano.